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Nuestra experiencia con una geisha en una Chaya en Tokio

Este verano hemos tenido una oportunidad única de asistir a un encuentro con una geisha y teníamos muchas ganas de poder compartir esta experiencia con vosotros.

Aunque menos conocidas que en Kioto, en Tokio también quedan algunas geishas. Como Tokio es una ciudad más grande y cosmopolita que Kioto, las geishas también han tenido que adaptar sus Chaya y modernizarlos. Nosotros fuimos a una Chaya que se encontraba en la cuarta planta de un edificio en medio de Tokio.

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Nuestra experiencia

Para entrar al local hay que quitarse los zapatos, ya que el suelo es de tatami. Una vez dentro, encontraremos unas sillas y mesas ya preparadas para nosotros. En la mesa hay unos aperitivos japoneses, un dossier con explicaciones en inglés así como información útil que necesitaremos durante la actividad y un menú de bebidas. Al sentarnos, la ayudante y aprendiz de geisha lo primero que hará será preguntarnos qué queremos para beber dentro del menú.

Bailes

Una vez ya tenemos nuestras bebidas, hace su aparición nuestra geisha. Lo primero que hace es presentarse ella y su aprendiz, que va a realizar de asistente durante toda la actividad. También se disculpan por sí en algún momento su nivel de inglés no es suficiente. Y a continuación, nos realiza un hermoso baile de bienvenida como agradecimiento con música tradicional de fondo.

Durante el baile, la geisha utiliza en diversas ocasiones un abanico, con el que va realizando diversas formas. Al finalizar el baile, nos ofrecen un abanico a nosotros también y nos intenta enseñar cómo utilizarlo. Digo intenta, porque aunque cuando ella lo hace parece fácil, en realidad no lo es en absoluto. Es entonces cuando te das cuenta de que incluso algo que a la vista puede ser tan sencillo como mover un abanico de una determinada manera, en realidad no lo es y requiere práctica y experiencia. También nos explican las diferentes formas que sé suelen realizar con el abanico y qué significan.

Hasta aquí, todo había sido normal y lo que nosotros esperábamos de un encuentro con una geisha. Pero a partir de entonces, la cosa empezó a ponerse más interesante…¡y divertida! Y es que resulta que la siguiente actividad que realizó nuestra anfitriona, fue un baile con unas divertidas mascaras. Se recogió el kimono y realizo un baile haciendo de dos personajes, el de un hombre y  el de una mujer. La manera de mover los pies  era diferente en función a si hacia de hombre o de mujer.

No se vosotros, pero nosotros teníamos esa imagen idealizada de las geishas, todo con música muy suave y tradicional, todo muy fino y elegante. Así que estas mascaras, mucho más cómicas y divertidas, nos pillaron totalmente desprevenidos. No lo hubiéramos esperado nunca de una geisha. La manera de bailar y los movimientos también eran más exagerados, y más como una obra de teatro. Nos gusto mucho esta parte porque aprendimos una cosa nueva.

Después de bailar ella, nos dejo probarnos las mascaras. Otra cosa que nos sorprendió, es que estas mascaras no tienen ningún tipo de cuerda, ya que eso dañaría el hermoso peinado. Es por ello que del interior de la mascara hay un trozo cuadrado que sobresale, y que tienes que morder para sujetar la mascara. El solo hecho de mantener la mascara con la boca nos pareció difícil cuando lo probamos. Bailar mientras presionas en todo momento la boca para que no se caiga la mascara es toda una proeza y una muestra de talento.



Por si eso no fuera suficiente, con la mascara puesta tienes muy poca visibilidad, por lo que tienes que conocer muy bien el espacio y tener los pasos de baile muy memorizados y marcados.  ¡Y eso que únicamente parecía un sencillo baile cómico! Pero en realidad, es más difícil de realizar que el primer baile que presenciamos.

juegos

Y después de estos dos bailes, llegó la hora de los juegos. Sí, estáis leyendo bien. ¡Nos enseñaron juegos típicos de geishas! Normalmente, los hombres que contratan los servicios de una geisha como generadoras de entretenimiento, suelen hacerlo en situaciones en las que están bebiendo alcohol mientras disfrutan de su compañía. Por ello, cuando empiezan a jugar ya llevan una ingesta importante de alcohol. En otras palabras, que van borrachos. Los juegos que nos enseñaron son juegos que de primeras pueden parecer fáciles y simples, ya que están pensados para ese tipo de situación. Y lo cierto es que nadie se pone a jugar a un juego de gran complejidad y de tener que pensar mucho cuando va bebido.  Pero aunque nosotras no habíamos bebido alcohol, nos parecieron muy divertidos y nos reímos mucho.

Es un poco difícil explicar cómo funcionaban los juegos, pero vamos a intentarlo. En nuestra cuenta de Instagram os dejaremos un vídeo para que podáis ver mejor los juegos.

El primer juego consistía en poner una cajita (sirve cualquier cajita pequeña o similares) en una mesita. Y mientras cantabas una canción, dos personas se alternaban para tocar la cajita con la palma de la mano. El truco estaba, en que en cualquier momento, una de las personas podía ‘llevarse’ la cajita, y en ese caso, la otra persona tenia que tocar la mesa con la mano en forma de puño. Si la tocabas con la palma de la mano, perdías. Pero de igual manera, si quitabas la cajita tres turnos seguidos, también perdías. Además, poco a poco el ritmo de la canción, se iba acelerando (y también el del juego, obviamente). La parte más divertida era cuando alguien finalmente perdía, pues esa persona tenia que ponerse de espaldas. ¡Y deletrear su nombre con el culo! Cuando lo escuchamos la primera vez, no podíamos parar de reír.

El segundo juego, consistía en poner un pequeño objeto en alto a unos metros de distancia. Entonces, con un abanico de papel y sentada, tenias que intentar tirar el objeto lanzando el abanico (abierto y  en horizontal). Tenias tres intentos para conseguirlo, y si no lo conseguías, tenias que comerte un fruto japonés que es muy amargo.

y música!

Y después de los juegos, nos enseñaron a tocar dos instrumentos tradicionales japoneses. Uno es como un pequeño tambor con cuerdas que solo puede realizar dos sonidos, uno más hueco y el otro más normal. Este tambor de hombro se llama tsuzumi. Para tocar el tsuzumi, tienes que cogerlo de las cuerdas y lo apoyarlo  en tu hombro derecho, haciéndolo sonar con la otra mano.

El otro instrumento que nos dejaron tocar es algo más popular. Se trata del shamisen, ese instrumento que parece una guitarra muy pequeña con menos cuerdas. En realidad no creemos que se parezca una guitarra, pero para los que no conozcan el nombre del instrumento.

Despedidas, consejos y hospitalidad japonesa

Por último, nuestra anfitriona realizó un último baile en el que le ayudamos cantando la canción en la parte de los coros. Después del baile, estuvimos un rato hablando sobre las geishas en Japón. Nos explicaron que recientemente hay algunas mujeres que se visten y maquillan cómo una geisha y que cuando los turistas les piden hacerse una foto, les piden dinero. Obviamente estas mujeres no son geishas y están estafando a los turistas, así que id con cuidado. Ninguna geisha de verdad os dirá que es una geisha si le preguntáis directamente. Menos aun os pedirá dinero por haceros una foto con ellas.

Mural con todas las geishas que hay en Tokio

De hecho, desgraciadamente cada vez quedan menos geishas en Japón, especialmente en Tokio. Cada vez hay menos chicas jóvenes que quieran aprender la profesión, y también cada vez hay menos clientes. Por eso, si queréis pasar un buen rato, crear recuerdos inolvidables y colaborar a que el precioso mundo de las geishas no pase a ser un mero recuerdo del pasado, os animamos a que participéis en esta experiencia.

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Para finalizar, antes de irnos nos dejaron ponernos un kimono por encima  y hacernos una foto con la geisha. Justo antes de irnos nos enseñaron cómo hacer una rana de origami. Y como muestra de la cortesía japonesa nos regalaron kit kats de sabores.

¡Muchas gracias por todo!

ありがとうございました!

 




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