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Empleado de parque dejó de cobrar entrada a extranjeros por miedo a hablarles

El Jardín Nacional Shinjuku Gyoen es un oasis de belleza y tranquilidad en pleno centro de Tokio. Con sus más de 20.000 árboles desparramados a un tiro de piedra de la estación de Shinjuku, uno de los puntos más bulliciosos de la capital japonesa, todo aquel que lo desee puede darse un paseo por sus senderos y disfrutar de sus vistas abonando un módico precio: 200 yenes por adulto (1.5 euros al cambio actual) o 50 yenes por niño (0,4 euros).

Sin embargo, hace poco se supo que durante más de tres años, gran parte de los extranjeros que visitaron este parque entraron gratis porque uno de los empleados encargados de cobrar las entradas los dejaba pasar por miedo a no poder comunicarse con ellos.

Esta práctica irregular salió a la luz el pasado enero, pero no fue hasta esta semana cuando la auditoría encargada por el Ministerio de Medio Ambiente, responsable de la administración del recinto, reveló que el jardín había dejado de ingresar unos 25 millones de yenes (alrededor de 195.000 euros) por este comportamiento.

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Punto de partida

Todo comenzó en abril de 2014, cuando un turista foráneo que quería visitar la atracción turística le gritó al encargado de vender los pases, un hombre de unos 70 años cuya identidad no fue revelada.

No hablo ningún otro idioma y me asusté cuando un extranjero comenzó a gritarme hace mucho tiempo”, reconoció este trabajador a los funcionarios del ministerio que le interrogaron, según el portal Sora News24.

Desde entonces, el empleado dejó de cobrar la entrada a los visitantes no japoneses para no tener que interactuar con ellos y evitar situaciones de estrés. Durante los dos años y medio siguientes, se estima que unas 160.000 personas accedieron al recinto sin abonar la entrada.

Para encubrir su acción, el hombre entregaba los boletos sin cobrarlos -para ingresar al jardín hace falta escanear un código QR impreso en el tique de entrada- y luego le pedía a un colega con acceso a la base de datos del parque que cancelara las ventas para que no hubiera discrepancias entre los ingresos registrados y los reales. El truco funcionó hasta finales de diciembre de 2016, cuando otro trabajador le vio comportarse de manera extraña al emitir un boleto a un turista y alertó a la gerencia del recinto.

empleado parque japón

Tras iniciarse una investigación y descubrirse lo sucedido, al infractor se le dedujo el 10% de su salario, según el periódico Sankei Shimbun. El hombre, que tenía un contrato temporal, solicitó retirarse y se ofreció a devolver la mitad de su prima de jubilación en compensación por las pérdidas provocadas, unos 300.000 yenes aproximadamente (unos 2.350 euros).

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