Curiosidades

Los 10.000 ancianos desaparecidos de Japón

El envejecimiento de la población provoca en Japón una creciente crisis en cuidado de ancianos. 10.000 personas con demencia senil desaparecieron en 2014.

Asayo Sakai golpeó la puerta principal, exigiendo que le dejasen salir. Estaba en el apartamento de su hija, donde esta anciana ha residido durante los últimos años. No recordaba cómo había llegado hasta allí o por qué estaba en aquella casa.

Cuando su hija Akiko le bloqueó el paso, Asayo, que a sus 87 años sufre una demencia senil, arremetió contra ella, golpeándola y mordiéndola. La escena se repitió con angustiosa previsibilidad durante todo un año hasta que un día, exhausta, Akiko se rindió y abrió la puerta. Permitió que su madre deambulase por las calles del distrito financiero de Osaka, en Japón.

Pensé: ‘vete de aquí si eso es lo que quieres’ –cuenta Akiko a Bloomberg–. Mi madre se convirtió en un monstruo y no podía controlarla. Pensé que mi vida estaba acabada”. Sin embargo, lo que sucedió a continuación reveló a Akiko detalles sobre su madre –y sobre ella misma– que nunca habría imaginado.

Los paseos de Asayo, que emprendía a primera hora de la mañana, duraban horas y horas. Al principio, su hija la seguía desde una distancia prudencial. Pero cuando la Policía aseguró a Akiko que intentaría vigilarla, dejó que su madre vagase sola por la ciudad.

Fue un arriesgado acto de desesperación. Akiko pronto descubrió en su propio vecindario cómo Japón intenta convertirse en un país más amable con quienes sufren demencia senil. La razón es simple: la baja natalidad (1,4 hijos por mujer) y la alta esperanza de vida (el 23,1% de los japoneses tiene más de 65 años) han hecho de Japón el país con el envejecimiento de población más rápido del planeta.

Se calcula que hasta 8 millones de japoneses sufren demencia senil o están en riesgo de desarrollarla. La cifra supone un 6% de la población total. Por ello, las familias están convirtiendo en un asunto prioritario el conseguir los cuidados convenientes para sus seres queridos afectados por esta dolencia degenerativa.

En 2013, el Gobierno inauguró un programa que ayuda a familias y comunidades a tratar con la demencia que a menudo sufren en sus carnes. Las empresas también aportan su granito de arena.

La historia de Asayo Sakai, a quien diagnosticaron alzhéimer (la forma más común de demencia senil) hace casi 10 años, proporciona pistas de hacia dónde deberían dirigirse las políticas de Tokio, de todo lo que el país aún debe hacer y de cómo puede facilitar una hoja de ruta para otros países.

Akiko está entre las decenas de miles de japoneses que cuidan de sus padres y que, por falta de plazas en residencias de ancianos o por no disponer de ayuda en casa, han sido empujados hasta su límite psicológico.

La población está desesperada por encontrar formas de tratar a pacientes con demencia senil”, dice a Bloomberg Hiroko Sugawara, responsable de una campaña educativa sobre la dolencia financiada por el Gobierno de Shinzo Abe.

Ancianos japoneses en el distrito Sugamo de Tokio, una zona popular entre los jubilados de la ciudad (Reuters).

10.000 desaparecidos en un año(2014).

La dinámica del envejecimiento de la población ha provocado en Japón una creciente crisis en el cuidado de ancianos. Más de 10.000 personas con demencia senil desaparecieron en 2014, según datos de la Agencia Nacional de Policía.

Algunos se ausentan durante años; otros nunca regresan o, en ocasiones, son encontrados muertos. Los cuidadores han gritado, herido o incluso asesinado a sus seres queridos. En el año 2012, 27 ancianos fueron asesinados o murieron por negligencias en Japón, aunque se desconoce cuántos de ellos padecían demencia senil.

El porcentaje de ancianos que sufren abusos a manos de sus familias aumentó un 21% entre 2006 y 2012, hasta superar las 15.000 personas, la mitad de las cuales sufrían demencia, según un estudio del Ministerio de Sanidad japonés. Y las cifras no invitan al optimismo: hacia el año 2060 el 40% de los japoneses tendrá más de 65 años, frente al 24% actual.

Mientras la población envejece, la proporción de trabajadores contribuyentes decrece en relación con las crecientes filas de ancianos dependientes. Japón destinaba en 2011 alrededor del 20% de su PIB a gastos relacionados con el envejecimiento, porcentaje que se incrementará hasta más del 25% en 2050.

Los fondos destinados al programa stay-at-home (quédate en casa), 31 millones en este año fiscal, son escasos si se comparan con el dinero destinado a combatir la demencia senil en otros países desarrollados. Al mismo tiempo, el Gobierno ha reducido el acceso a servicios sufragados por el Estado como parte de un esfuerzo general por recortar el gasto.

Otro quebradero de cabeza para los cuidadores. Sin embargo, el concepto de un cuidado que resulta más humano y menos costoso que encerrar a los pacientes en asilos sigue prevaleciendo, según los expertos.

Un acto en Tokio para promover una vida saludable.

Las empresas se adaptan.

Mientras las familias deben cuidar de sus ancianos en sus hogares, las empresas también se esfuerzan por adaptarse a la edad de los consumidores. Las personas que padecen demencia senil tienden a comprar los mismos productos una y otra vez, explica Kimika Tsukada, responsable de asuntos sociales de Aeon Co., el mayor minorista de Japón. Suelen abrir los productos en las tiendas, comen sin pagar después y se pierden en los centros comerciales.

Los bancos también suponen un reto formidable para ancianos olvidadizos, porque olvidan el PIN de sus cuentas o dónde escondieron sus cartillas. Yuriko Ashara, jefe de sucursal de Japan Post Holding en Tokio desde hace 20 años, recuerda el caso de una mujer de 76 años que perdió su cartilla del banco nueve veces en un par de semanas. Había sido acusada regularmente durante dos décadas de robar dinero a otra mujer de unos 80 años.

El creciente número de ancianos con demencia que deambulan por las tiendas japonesas ha dado pie a algunos acuerdos inusuales para cuidarlos. Ashara ayuda en ocasiones a clientes que no saben cómo volver a su casa. También a reemplazar juegos de llaves que han perdido o a descifrar las complicadas facturas de la luz o el agua.

Tanto Aeon como Japan Post han diseñado programas para enseñar a sus empleados cómo tratar con clientes que muestran signos de demencia. Los empleados de banca y de tiendas minoristas se encuentran entre los 5,4 millones de japoneses que se han apuntado a los cursos costeados por el Gobierno. Hasta un 10% de los 400.000 empleados de Aeon han seguido el programa de la empresa, inaugurado en 2007.

La solidaridad con Asayo.

A medida que los años han pasado desde que Asayo comenzó a dar sus largos paseos (en una ocasión pretendía llegar a Moji, la ciudad donde nació, a 400 kilómetros de distancia), su barrio de Osaka se ha convertido en una red informal de ayuda.

Cuando Shigeo Asai, el administrador del edificio donde viven Asayo y su hija, ve en su monitor cómo la anciana coge el ascensor a las 6 de la mañana, la invita a charlar en su despacho. A menudo esa breve conversación la hace sonreír y termina regresando a su apartamento.

Asai ha informado a otros inquilinos sobre la demencia que sufre Asayo y también anima a los más jóvenes a hablar con ella y a que corran la voz entre sus padres, quienes podrían ayudarla si fuera necesario. “Akiko hizo que todos viéramos lo duro que es vivir con su madre”, dice Asai, cuya hermana mayor fue diagnosticada recientemente con alzhéimer. “Por eso la ayudamos. Ese es el camino. Puede pasarle a cualquiera”.

Nota: Esta información ya lleva tiempo en Internet pero me pareció muy buena y quise compartirla en la pagina.

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