A principios de agosto de 1945 Estados Unidos realizó uno de los ataques más mortíferos que se hayan visto en una guerra luego de lanzar dos potentes bombas atómicas a dos ciudades de Japón: Hiroshima y Nagasaki. Ese potente ataque significó la rendición de este japón y al mismo tiempo marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Pero aunque no lo creas estas dos ciudades del sur de Japón no siempre fueron los objetivos de la inteligencia norteamericana. Antes ciudades importantes como Yokohama o Kioto encabezaban la lista. Esta última sobre todo era la favorita de un comité formado por generales, funcionarios del ejército y científicos estadounidenses. Kioto era la antigua capital del país nipón y esto se dijo en apuntes de una reunión que tuvo este comité: “Este objetivo es un área industrial urbana con una población de un millón. Describían a la población de esta ciudad como “más apta para apreciar el significado de este arma como artefacto”.

Alex Wellerstein, historiador de ciencia en el Instituto de Tecnología Stevens, en EE.UU, entrevistado por la BBC, Menciono: “El ejército percibía Kioto como un objetivo ideal porque no había sido bombardeada en absoluto, por lo que muchas de las industrias y algunas de las fábricas más importantes se habían reubicado allí”.

Otra de las grandes razones por la que Kioto era una de las elecciones es mucho más cruel:

Los científicos del llamado Comité de Objetivos también preferían Kioto porque era sede de muchas universidades y pensaron que la gente allí sería capaz de entender que una bomba atómica no es cualquier arma, que era un punto de inflexión en la historia de la humanidad“.

Pero por suerte para los habitantes de esta ciudad, el secretario de Guerra en ese entonces, Henry L. Stimson intercedió hablando directamente con el presidente Harry Truman para que Kioto fuera retirada de la lista de objetivos. Alegó que era de importancia cultural y que no era un objetivo militar. Esta urbe posee más de 2.000 templos y altares budistas, incluidos 17 lugares Patrimonio de la Humanidad sin embargo era el principal objetivo y muchos se opusieron a la decisión de Stimson.

Mapa de la época que reflejaba los objetivos militares y civiles de Kioto.

Stimson escribió esto en su diario personal tras esa reunión el 24 de julio de 1945:

Fue particularmente empático al estar de acuerdo con mi sugerencia de que si no hay eliminación, el rencor causado por un acto sin sentido de ese calibre haría imposible que durante el largo periodo postbélico los japoneses se reconciliaran con nosotros en esa zona antes que con los rusos“.

Fue entonces cuando Nagasaki se añadió a la lista de objetivos en lugar de Kioto. Pero Hiroshima y Nagasaki tampoco eran objetivos militares. Hoy se sabe que eran lugares donde habitaban cientos de miles de civiles –mujeres y niños incluidos– que terminaron pereciendo cruelmente.

Pero lo que muchos historiadores dicen es que más que un interés cultural lo de Stimson con Kioto era una historia personal, una experiencia netamente romántica con esta ciudad.

Erróneamente se le ha atribuido a Edwin O. Reischauer, experto para el Cuerpo de Inteligencia Militar, la decisión de no lanzar la bomba sobre Kioto. Sin embargo el mismo Reischauer en su autobiografía refutó esto y aseguró que quien merecía el crédito de haber salvado dicha ciudad era en realidad Henry L. Stimson pues admiraba Kioto por haber pasado allí su luna de miel. Stimson fue gobernador de Filipinas en los años 20 y por eso había conocido Japón décadas antes de la Segunda Guerra.

Pero no todo es paz en la vida de Stimson ni fue un gran santo. También estuvo detrás de la reclusión en la costa oeste de EE.UU de más de 100.000 japoneses-estadounidenses después del ataque a Pearl Harbor hecho por Japón. Según decía Stimson: “Sus características raciales son tales que no podemos entender o incluso confiar en el ciudadano japonés”. Esta puede ser en parte la razón por la que otro hombre se llevó el mérito de salvar a Kioto durante muchas décadas.

Kamo River and Shimogyou-ku, Kyoto

Según narra la BBC, por mucho tiempo se creyó que fue el arqueólogo e historiador de arte estadounidense Langdon Warner y no el controvertido secretario de Guerra quien aconsejó a las autoridades de no bombardear ciudades con un patrimonio cultural como Kioto. Incluso hay monumentos en homenaje a Warner en Kioto y Kamakura.

Sin embargo, en su libro de 1995, Drop the Atomic Bomb on Kyoto (“Lanzar la bomba atómica sobre Kioto”), el historiador japonés Morio Yoshida argumentó que Warner era recordado como el salvador de los bienes culturales de Japón debido a la propaganda de Estados Unidos durante la ocupación en ese país tras la guerra.

Aprendimos suficientes lecciones de guerras anteriores sobre enemigos derrotados que te odian, así que cualquier estrategia mediática para que los japoneses creyeran que a EE.UU. le importaba Japón –ya fuera su gente o su patrimonio cultural– se veía como algo excelente por parte de las autoridades ocupantes”  -Alex Wellerstein-

Otro dato curioso de las bomba atómicas se dio en Hiroshima. Pero la suerte no corrió de su lado y selló su fatídico destino. Esta fue la primera ciudad en ser bombardeada y se tomó esa decisión apenas una hora antes del ataque. Fue elegida como objetivo por las buenas condiciones meteorológicas que tenía. Ni siquiera estaba en la lista inicial de objetivos pero el mal tiempo impidió que los pilotos lanzaran el 9 de agosto la bomba sobre el segundo objetivo en la lista, la ciudad de Kokura.

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