Un breve viaje de investigación a la costa noreste de Japón para comprobar las consecuencias del tsunami de marzo de 2011 fue todo lo necesario para convencer a Yoshihiko Kurotori de la necesidad de construir un refugio en el jardín trasero de su casa.

Los científicos pronostican un potente terremoto y tsunami golpeará en las próximas décadas un tramo de la costa del Pacífico a tan solo un kilómetro de su casa, situada en la ciudad periférica de Wakayama. Se estima que este terremoto puede causar unas 320.000 muertes.

Vi los cimientos de lo que en su día fueron casas y entonces pensé que necesitaba protegerme“, explica Kurotori. “Mis vecinos me preguntaban qué demonios estaba haciendo cuando llegaron las excavadoras. Pensaban que estaba tirando el dinero, pero la seguridad no tiene precio“, añade.

Abre la pesada puerta de acero del refugio para mostrar una pequeña habitación con muros de hormigón armado de hasta 35 centímetros de ancho. Su punto fuerte es una unidad de ventilación suiza de 13.700 euros diseñada para mantener a los ocupantes del refugio vivos al tiempo que filtra partículas radioactivas y gases nerviosos como VX y sarín.

Pero hoy, es la posibilidad de un desastre provocado por el hombre y no un desastre natural la que ha convencido a este profesor jubilado de que hizo bien invirtiendo casi 64.000 euros para construir el pequeño refugio.

Las múltiples pruebas de misiles de Corea del Norte durante este año, las cuales han culminado con el lanzamiento de un misil balístico intercontinental, han hecho saltar las alarmas en Japón y han desencadenado una actividad de defensa civil sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.

Nueve municipios han puesto en marcha ejercicios de evacuación desde la caída en marzo de misiles de Corea del Norte en aguas de la zona económica exclusiva japonesa. Se espera que alrededor de una decena más de pueblos se unan pronto a estos simulacros.

Una advertencia gubernamental de 30 segundos emitida en televisión en horario de máxima audiencia ruega a la gente a buscar refugio en robustos edificios de cemento o huir bajo tierra en caso de ataque. Aquellos atrapados en sus hogares deberían esconderse detrás de objetos resistentes, tumbarse en el suelo boca abajo y alejarse de las ventanas. Y las ventas de refugios nucleares, purificadores de aire y máscaras de gas se están disparando.

Seiichiro Nishimoto, cuya empresa ha construido el refugio de Kurotori, afirma que las consultas han aumentado radicalmente desde principios de este año. Su empresa, radicada en Osaka, ha vendido más de una decena de refugios en los últimos dos meses —el doble de los que solía vender en un año—.

Muchos de nuestros clientes están preocupados por las consecuencias de un ataque nuclear norcoreano“, indica Nishimoyo, de 80 años. “Creo que en Japón deberíamos tener refugios por todos lados. La gente se queja del precio, pero los más pequeños no son más caros que un coche familiar“, añade. Nishimoto señala que la semana pasada recibió tres encargos y que estaba en conversaciones con los propietarios de un bloque de apartamentos para instalar un refugio comunitario.

Críticas al primer ministro

Nobuko Oribe, director de Oribe Seiki Seisakusho, cuenta que su empresa ha recibido el doble de encargos en abril y mayo que en todo 2016. “Pero el número de personas que puede construir un refugio es limitado y el Gobierno no lo hará por ellos”, explica. “Pasamos por Hiroshima y Nagasaki, y ahora, 70 años después, la gente vuelve a estar preocupada por los ataques nucleares“.

La empresa, fundada por el abuelo de Oribe justo después de la crisis de los misiles de Cuba, ofrece diferentes refugios, incluido uno para 13 personas que cuesta 200.000 euros.

Algunos han acusado al primer ministro conservador de Japón, Shinzo Abe, de intentar explotar el miedo a la guerra con Corea del Norte para justificar un gasto en defensa récord y polémicos planes para revisar la constitución “pacifista” de Japón.

En abril, Abe contribuyó a la ansiedad pública al afirmar que Corea del Norte podría tener la tecnología para equipar misiles balísticos con gas sarín — la sustancia utilizada en el ataque en el metro de Tokio de 1995—.

El mismo mes, se criticó que los trenes del metro de Tokio se parasen tras las informaciones de que Corea del Norte había probado un misil —una medida que no se aplicó en Seúl, que está a tan solo 56 kilómetros de la frontera fuertemente armada con el norte.

Las preocupaciones de muchos japoneses, sin embargo, no están fuera de lugar. Cuando Corea del Norte comenzó con la búsqueda de un elemento de disuasión nuclear hace dos décadas, Pyongyang lanzó un misil en 1998 que voló sobre territorio japonés antes de caer en el pacífico. El lanzamiento del último misil balístico intercontinental acabó su vuelo en el mar dentro de la zona económica exclusiva de Japón.

El Gobierno de Japón estima que a un misil solo necesitaría 10 minutos para cubrir los 1.600 kilómetros de distancia entre el lugar de lanzamiento de Corea del Norte y una estación militar estadounidense en la isla japonesa de Okinawa, al sur del país.

El miedo a un ataque nuclear está en lo más profundo de la mentalidad popular de un país que ha sido atacado dos veces con bombas atómicas. Pero Kurotori cree que más de siete décadas de paz han provocado que sus compatriotas se vuelvan complacientes.

El problema con el pueblo japonés es que vemos la paz como algo garantizado“, afirma. “Piensan que el Gobierno se encargará de todo y que mientras tengamos una constitución en contra de la guerra estaremos bien. Pero simplemente mira alrededor… Japón está rodeado de inestabilidad, en la Península de Corea y en el Mar del Sur de China“, añade.

Con 75 años, Kurotori no tiene claro que vaya a vivir el terremoto y el tsunami de Nankai que algunos expertos predicen que golpeará la región en los próximos 30 años. Además, niega ser un alarmista con el tema de los misiles de Corea del Norte.

La vida es tener suerte, nunca sabes que hay a la vuelta de la esquina. Se trata de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado“, señala. “No sé dónde estaré cuando Corea del Norte ataque, si es que ataca, y entiendo por qué mis vecinos creen que me he vuelto loco, pero todo lo que quiero es aumentar mis posibilidades de supervivencia. No veo nada malo en ello“, añade.

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